musicalleu 11

Con la voz rota me dijo que ya nada servía de nada, que los del festival Hoteler ya lo habían hecho todo, que la gente no se acercaba a Manlleu y que él no podía prometer a nadie una fiesta así, que lo suyo eran los cupcakes y la música bonita, que estaba seguro que el concierto de esos, ¿cómo era? ¿l’Hereu escampa? Vale, pues que no sería ni la mitad de intenso de lo que fue en Vic los días del MMVV y que no sería culpa del grupo. Estábamos en el Apolo, tío. Me contó que una vez, borracho, había hablado con una chica y le había dicho que a las chicas no le gustaban los tipos como él. Ella le respondió que seguramente también habría un mercado para eso. No sé, de verdad. Se puso una nariz de pallaso y me dijo que, no hacía mucho, había sido tío. Se puso a hablar de los niños y de pis de caca… que por eso organizó una exposición de ilustración de literatura infantil. Que aunque fuera sólo se iría a ver a los grupos y bebería y que ya no quería competir. Que ya no le interesaba tanto la lengua, que a los otros les daba igual. Que invitaría grupos de otras partes, pero que quería entenderles y disfrutarlos por muy nublado que estuviera de mente. Me prometió que volvería a ser bonito. Que todo sería bonito. Y me lo creí.